Dependencia afectiva, una reflexión

En un momento u otro creo que la mayoría de las personas se han preguntado si están sufriendo lo que se conoce como «adicción emocional». Probablemente, si has llegado hasta el punto de encontrar este artículo, también te lo estés preguntando. Al parecer, la dependencia emocional no está incluida en la lista de trastornos de la conducta en mi país (Italia). Aunque quizás sería mejor decir que no está en la lista por el momento.

Creo que es importante entender que la adicción a algo, no es necesariamente perjudicial para la sociedad. Una persona especialmente cumplidora y adicta al cumplimiento de las normas, incluso de forma obsesiva, puede parecer extraña, pero, como puede imaginar, no siempre es una persona peligrosa para los demás. La segunda cosa clave es que, como he escrito en el título, esto es sólo una reflexión personal y no un consejo profesional, y yo no soy un profesional en el campo.

Siento un profundo respeto por la psicología y por todos los profesionales que giran en torno a ella cuando son conscientes y comedidos. En muchas culturas, ir al psicólogo es una especie de tabú que a veces impide a muchos sentirse mejor. Si tienes un malestar, ir al psicólogo no significa que estés mal de la cabeza. Por otro lado, ser hipocondríaco o caer en la tentación de juzgar y señalar a los demás puede ser realmente perjudicial. Si está enfermo, no tenga miedo de dejarse ayudar por un profesional.

Si es cierto que respetar las normas y las leyes es algo bueno para los demás, lógicamente, también debería ser bastante cierto que depender del amor de alguien no debería ser el fin del mundo. No creo que sea el único que piensa que no hay suficiente amor por los demás en el mundo, y estoy bastante convencido de que si hubiera más, sin ninguna duda, el mundo sería mejor.


No siempre los que manifiestan dependencia emocional están en el error. Hay un buen número de casos en los que podemos hablar de anafectividad. Se trata de la tendencia a no poder establecer relaciones afectivas. Puede ser temporal, como por ejemplo en el caso de la toma de medicamentos o drogas, y también puede ser innata.

Otro ejemplo que creo que debo mencionar está representado por aquellos que son tratados inadecuadamente (demasiado bien o demasiado mal) y adquieren con el tiempo un desapego propio de la condición psicológica dependiente de este juego de las partes. También hay personas que se comportan de una determinada manera de forma totalmente consciente y cuando no consiguen todo lo que quieren, señalan a los demás como personas exageradas y en el peor de los casos como personas perturbadas o enfermas.

Una personalidad débil, podría preguntarse si la otra persona tiene razón y a partir de ahí podría aparecer una forma de depresión. A veces las personas que amamos no comprenden el alcance del poder que les damos. Al no comprender su alcance, no pueden imaginar cuán cierta (y también aplicable a este contexto) es la frase de que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad».

Por ello, invito a mis lectores a no jugar como el gato con el ratón con los sentimientos de las personas por mera satisfacción personal. Esta no es una forma adecuada y consciente de proceder.

Posibles síntomas de dependencia emocional

Como ser adicto a algo siempre tiene sus inconvenientes, permíteme presentarte los comportamientos más comunes por los que puedes ser etiquetado como «adicto emocional». Hay que tener cuidado porque no es necesariamente que si has tenido un buen número de estas conductas, seas necesariamente un adicto afectivo. Todos los comportamientos pueden tener motivaciones subjetivas y objetivas que también pueden ser ajenas al tema de este artículo.

– Hay una tendencia a permanecer atrincherado en una relación a toda costa. En este caso, sin embargo, también debemos prestar atención a otro aspecto. Si bien es cierto que permanecer en una relación durante mucho tiempo ya no está de moda hoy en día, también es cierto que antes de establecer cualquier tipo de vínculo, debemos entender que cada tipo de relación tiene sus propias responsabilidades. A veces puede ocurrir que nos señalen como «dependientes emocionales», inmaduros o algo peor, los que tienen la costumbre de mancharse de una relación. Hay que tener cuidado, porque si bien es cierto que antaño la gente permanecía casada sólo por sentido del deber, en los últimos tiempos han aumentado los divorcios. Por eso no se dice que quien quiera responsabilizarse de sus actos respetando un vínculo, necesariamente se vea afectado por algo.

– Se tiende a pensar erróneamente que la vida de uno no tiene sentido sin la otra persona o sin estar constantemente comprometido con alguien. He conocido a alguien en el pasado que actuaba así. Me di cuenta de que para ésta, no era yo como persona lo que importaba, sino sólo el hecho de que se sentía sola y quería estar junto a alguien (sin importar quién) para construir una familia. También aquí hay que tener cuidado porque puede ser, por ejemplo, que la persona en cuestión, viéndose mayor, quiera formar una familia a toda costa por otros motivos.

– Se tiende a avanzar demasiado rápido en una relación y se tiende a iniciar relaciones sin explorar del todo la intimidad real. Una vez más, ¿quién determina cuánto debe durar un noviazgo? Hay gente que simplemente quiere ser libre para hacer lo que quiera cuando quiera, pero hay una razón por la que las leyes de gran parte de la población mundial defienden la monogamia. Aunque es bueno conocer bien a la otra persona antes de confiar en ella, esperar demasiado tiempo podría manifestar una falta de confianza incompatible con la propia relación.

– Hay una tendencia a tener una imaginación vívida. Los ataques de pánico no son infrecuentes ante la mera idea de ser abandonado por la pareja o de quedarse solo. O la persona puede pasar más tiempo imaginando una relación que viviéndola. Una vez más, depende de lo fuerte que sea el vínculo y de las circunstancias. Por ejemplo, es lógico que si uno de los miembros de mi familia padece una enfermedad que pone en peligro su vida, yo pueda caer en el limbo de la depresión. También tiene sentido que ser abandonado por alguien a quien quieres no sea lo más agradable del mundo. Además, los que tienen suficiente tiempo para imaginar obsesivamente una relación sin vivirla, antes de asumir toda la culpa, quizás deberían preguntarse por qué tienen todo ese tiempo libre para pensar en ello si es cierto que no te descuidas. Así que, de nuevo, este síntoma debe ser evaluado cuidadosamente.

– Hay una tendencia a enamorarse de personas que no pueden o no quieren entablar una relación amorosa. Un ejemplo claro sería una persona que se enamora de un amigo. O una persona que se enamora de una persona que no puede apreciar la extraordinaria belleza inherente a nuestras individualidades, sino que aprecia cosas más prácticas como el dinero y la apariencia física. ¿Quién no se ha encaprichado alguna vez de alguien que no le correspondió? Si esta es una condición necesaria y suficiente, entonces estamos todos enfermos. En realidad es mucho más fácil que el objeto de nuestro amor en ese caso no sea capaz de apreciarnos pero esto no es necesariamente nuestro problema, podría muy bien ser debido a su ceguera.

– Se tiende a poner al ser querido en un pedestal, como si fuera una especie de criatura de otro mundo, un regente, una persona mejor que nosotros. De nuevo, es complicado entender si esto puede ser un síntoma de dependencia emocional o de baja estima. Cuando la sociedad nos ofrece ejemplos de belleza, éxito y valores en los que no nos vemos reflejados, a veces tendemos a creer que somos inferiores. Esta condición podría generar un sentimiento de gratitud y admiración hacia quienes se acercan a nosotros a pesar de nuestros defectos. En este caso, sin querer quitarle nada a nadie, lo más probable es que nos hayamos topado con personas que hasta ese momento han estado cegadas por una mala educación y una total falta de valores. En este caso, vas en busca constante de la aprobación y la confirmación de la otra persona. Cada uno de nosotros es único y adorable, más raro es encontrar personas con la suficiente profundidad de alma y afinidad para apreciarlo.

– Hay una tendencia a no aceptar el final de una relación. Tendemos a creer que, a pesar de los comportamientos inaceptables, irrespetuosos con la otra persona, todo volverá a su sitio y todo se arreglará. Se tiende a mentirse a uno mismo, incluso superando el propio carácter y la naturaleza, y se dicen y hacen cosas que antes eran impensables sólo para preservar una relación. Por lo general, este comportamiento sólo ocurre en un lado. Es fácil que una persona, sobre todo si es de carácter egocéntrico, se dé cuenta de que la otra persona sólo por amor está haciendo lo mejor que puede. Estos normalmente pierden a su pareja al tratar de trasladar la responsabilidad a la otra persona. De nuevo, la persona que prefiere el amor a su propio ego no tiene por qué ser una persona que sufra de «dependencia emocional». Es más probable que la otra persona se haya convencido a lo largo del tiempo de que puede hacer todo como quiere porque da por sentado el amor absoluto de la otra persona. Siempre nos damos cuenta demasiado tarde de lo importante que era esa persona para nosotros. Pero esta es también una historia tan antigua como el mundo.


– Hay una tendencia a querer cambiar a la otra persona de acuerdo con lo que esperamos que sea. En realidad, no creo que esto tenga mucho que ver con la dependencia emocional porque, de nuevo, es un tipo de comportamiento muy común. Es más bien una manifestación de oportunismo (entre otras cosas muy comunes en la especie humana). Es lógico que cualquiera espere que la pareja respete al menos parcialmente nuestras expectativas. ¿Estamos realmente seguros de que se trata de un sentimiento sano y no de una pretensión egoísta?

Qué es la dependencia emocional

En los párrafos anteriores he intentado resumir lo que deberían ser los síntomas, en pocas palabras, de la dependencia emocional basándome en la investigación que hice en internet. Como he dicho no soy un profesional en este campo y puedo estar equivocado al afirmar lo siguiente. Es importante recordar que este estatus podría confundirse con otros similares y que ciertos comportamientos son simplemente expresiones normales del carácter sin relación entre sí. Hay psicólogos para un diagnóstico más preciso. Utilízalos.

Comportamientos similares a los descritos si se llevan al extremo pueden perjudicarnos e incluso pueden molestar a los demás. Sin embargo, he observado que se trata de comportamientos bastante comunes, por lo que quizá no sea muy inteligente agruparlos y etiquetarlos como «trastorno».

Que yo sepa, independientemente de nuestro malestar (temporal o permanente), si podemos cumplir la férrea norma de no interferir nunca en la libertad de los demás, nadie podrá decirnos nunca que estamos equivocados o enfermos. Sin duda, siempre habrá alguien que lo intente de todos modos. Ten cuidado de elegir bien a las personas en las que confías. Si logramos la sencilla pero imperativa regla de no prevaricar ni intentar prevaricar la sacrosanta libertad del otro, estaremos siempre seguros de que no nos pasa nada.

Recuerda que ninguna persona sana es inmune al sufrimiento. Esto no quiere decir que los amigos, la familia y los profesionales no puedan ayudarnos a asumir el hecho de que todo tiene un principio y todo tiene un final tarde o temprano. En contra de la creencia popular, son precisamente las personas más reflexivas y racionales las que más sufren siempre. A menudo se tiende a culparse demasiado. Creo que, aunque es un comportamiento que denota cierta sensibilidad, sería más prudente aceptar que la otra persona es un individuo cuya libertad para hacer lo correcto o lo incorrecto (dentro de los límites permitidos por nuestra sociedad) es tan inviolable como la nuestra.

Qué hacer si sospechamos que somos «adictos emocionales»

En primer lugar, debemos tener mucho cuidado de no ser hipocondríacos. La dependencia afectiva es (o debería ser) bien conocida por todos los profesionales que giran en torno a la psicología. Tenga en cuenta, sin embargo, que (en mi opinión) este tema está muy lejos de ser considerado como una especie de ciencia matemática perfecta. Dado que la vara de medir el malestar es algo subjetivo, si sientes que te sientes mal debes acudir sin duda a un profesional.

Ten confianza en ti mismo porque nunca es malo amar al prójimo si no interfieres en la libertad de los demás. Intenta comprender también que los demás son seres humanos como tú y podrían malinterpretar tu atención y tus intenciones. De hecho, no hay que subestimar la enorme influencia de los medios de comunicación que nos han hecho mucho más propensos a esperar lo peor de los demás. Pasan cosas malas y hay que tener cuidado, pero quiero poder esperar que de la mayoría de los seres humanos podamos aprender algo más que la desconfianza.

Los siglos que han visto nacer a nuestra especie han transcurrido de forma favorable precisamente porque siempre ha existido un vínculo entre los miembros de la comunidad que se unían para afrontar las dificultades de la vida. ¿Dónde estaríamos sin los demás? ¿Quién se ocuparía de nosotros? ¿Quién cultivaría los alimentos que consumimos habitualmente? ¿A quién acudiríamos en caso de necesidad?

Con la inexorable modernidad, nos hemos distanciado cada vez más unos de otros y hemos olvidado el significado de la palabra perdón. Cada vez estoy más convencido de que son las personas las que crean cosas y no el dinero. Hay cosas que el dinero no puede comprar, el amor es sin duda una de esas cosas pero no es la única. La medida de lo que somos y de la contribución que podemos hacer a la sociedad no sólo la determina la persona que está a nuestro lado.

Cualquiera que haya vagado por esta tierra y se haya comportado con honor y respeto mientras ayudaba a los demás, habrá cumplido sin duda su función y su vida habrá merecido la pena. Hay un mundo lleno de cosas fascinantes y bellas, nuestro tiempo es limitado, la vida debe ser vivida en su plenitud y totalidad. Debemos entender que el poco y precioso tiempo del que disponemos, debe ser utilizado con voluntad, bondad y sabiduría. Dedícalo a hacer el bien a los demás en lugar de perseguir egoístamente el amor de alguien que no nos merece. El mundo es más bello cuando se vive en dos, pero si podemos sentirnos parte de una comunidad, si respetamos a los demás y trabajamos por nuestro bien y el de los demás, seguramente nunca estaremos verdaderamente solos.


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