Michael’s Thoughts – 19 de mayo de 2020


Cuando el alma de nuestro hermano es sacudida por una tragedia, a veces nuestros pensamientos y compasión se centran sólo en el momento de la desgracia sin imaginar los pasos de los días pasados luchando con el fuego ardiente que corroe su alma.

¿Son estos los momentos en los que se habrá convertido en una entidad superior en busca de consuelo? ¿Son estos los momentos en los que has querido una voz amistosa? ¿Son estos los momentos en los que habrá mirado a su alrededor y con una ansiedad palpable no habrá vislumbrado nada más que soledad? ¿Son estos los momentos en los que habrá dicho a los demás que está bien, que no sea juzgado y que no genere tristeza en los demás? ¿Son estos los momentos en los que se habrá enfrentado cara a cara con la abrumadora fragilidad del ser humano? ¿Son estos los momentos en los que la incertidumbre le habrá obligado, en los momentos interminables, a mirar el vacío delante de sí mismo?

Si es cierto que la vida es tan poco frente a la inmensidad del universo, ¿por qué estamos tan encadenados a ella? ¿Por qué sufrimos más por los pocos cercanos a nosotros y no por todos los demás de la misma manera? A veces trato de darme una respuesta racional y científica, me ayuda a escapar del dolor que se apodera de mi corazón día a día. Pero, ¿quién es el que huye? ¿Realmente le importa a alguien?

Y cuando llegue el momento, no sabemos cómo dar consuelo. ¿Para qué es nuestra racionalidad en ese momento?


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