Sábado 26 de septiembre de 2020 – IgnisDIARY

Buenos días queridos amigos, aunque como siempre nadie leerá esto, sigo escribiendo en mi diario. Finalmente estamos en la mañana del sábado, me despierto al amanecer con la llamada de un cliente que se queja de que aún no he abierto la tienda. Después de explicarle al lémur que el sol aún no había salido, le informo que la apertura está prevista para dos horas más tarde. Su voz molesta me acompaña fuera de la cama.

Las temperaturas han bajado, se nota enseguida, sobre todo si vives en las colinas como yo. Después de prepararme, me subo a mi coche y voy a la tienda. Quito las toallas de papel habituales de la puerta, vuelvo a alinear la alfombra exterior, entro y veo que la pequeña nevera está abierta, por suerte sólo guardo agua en ella, porque me gusta beberla fría. Como el nitrógeno líquido para entendernos, incluso en invierno.

El día sigue normalmente, me detengo a intercambiar unas palabras con algún transeúnte que finge estar interesado sólo para charlar pero no concluye nada, me peleo con algunos clientes interesados pero tacaños, los que entraron sólo para tomar los guantes que puse a disposición de los clientes,

Me hacen reír a carcajadas cuando entran, miran alrededor y se dan palmadas en la cadera. Me acerco y pregunto si puedo ayudarles, ellos asienten y preguntan dónde está el gel de alcohol. Apunto mi dedo a unos cuarenta centímetros de su nariz, usan el gel y se van sin siquiera decir adiós.

Por la tarde me sumerjo en la burocracia, he resuelto, creo, mil papeles y el día pasa así. Estoy cansado al final del día y mis ganas de hacer están limitadas por este maldito dolor de espalda que me hace sentir como si arrastrara una de esas bolas de plomo que se atan a los tobillos de los condenados a trabajos forzados.

Tal vez sería más saludable pasar unos días en casa para descansar mi espalda, tal vez sería más saludable tomar unas pequeñas vacaciones pero no puedo hacerlo. No hay vacaciones pagadas para los comerciantes autónomos, no hay enfermedad pagada para los comerciantes autónomos. Si tienes una pequeña tienda como la mía, o trabajas o comes. Y a veces ni siquiera comes cuando trabajas, a diferencia de otros trabajos donde te pagan a tiempo.

Pero no importa, haces lo que puedes y al final estoy bien como estoy. Me gusta llegar a casa y encontrar la cena lista, tal vez con algunas bebidas frías, el perrito que me da fiestas y no se detiene hasta que le doy por lo menos diez minutos de mimos y luego su casa sigue siendo su casa.

De vez en cuando, por la noche, juego un par de juegos en un ordenador con edad suficiente para relajarme, en el fondo me gusta escuchar los turnos de un conocido mío que es muy aficionado al deporte y muy seguidor de un equipo de fútbol muy importante.

Es que nunca me gustó el fútbol, así que no puedo entender cómo puedes ponerte tan caliente sólo para defender un equipo de fútbol. No veo ningún valor añadido en ese tipo de actitud. Al final es sólo un juego y para bien o para mal todos los equipos son iguales. Pero yo soy yo. Tú eres el que continuó la sentencia, no quise decir lo que pensabas.

Rápidamente llega la hora de dormir, enciendo la manta eléctrica para calentar la cama un poco antes de dormir. Escucho un par de truenos a lo lejos, la luz se ha vuelto a apagar. Mi perro, que normalmente no tiene miedo de nada, se acurruca asustado debajo de mí, mi gato, que normalmente tiene miedo de todo, sigue durmiendo tranquilamente.

Por suerte estoy escribiendo en mi portátil para no ser excomulgado, al menos no todavía. Se está volviendo muy pesado moverse con este dolor de espalda y después de todo este tiempo debería haberme pasado. Espero que veamos días mejores.

Buenas noches a todos los queridos amigos, nos pondremos al día mañana si Dios quiere.


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