Epidemia 2020, el año a recordar


Marzo de 2020, esta fecha es suficiente para hacernos recordar todo. Es como si por la mañana te despertaras lentamente y aún estás dentro del sueño que estabas haciendo y con los ojos todavía cerrados piensas: «menos malo era sólo un sueño» entonces cuando puedes abrir los ojos te das cuenta de que en el sueño estás en él ahora y primero quién sabe lo que soñaste tal vez cosas bonitas. Este período será recordado para siempre, hablarán de los libros escolares que nuestros nietos estudiarán y nosotros mismos desde antaño les diremos que nacieron después de estos días extraños y surrealistas.

Escribí el año para recordar, no el que olvidar como se me había ocurrido al principio cuando decidí escribir sobre estos días y nuestros temores. Recuerda sí, debemos recordar lo que todo esto nos ha dejado, si cuando todo esto nos deja seguiremos allí.

Pensamos en nuestras vidas antes de este maldito virus, y uno se da cuenta de que era una vida muy egoísta, todo el mundo pensaba por sí mismo, para sus seres queridos, para su propio bienestar. Ahora, en este preciso momento, estamos divididos, todos encerrados en su propia casa, que con la familia, que con el compañero, que solo. Pero tal vez sea precisamente este aislamiento lo que nos hace entender que también hay otros, que tienen sus mismas ansiedades, sus propios miedos, que están solos. Es importante no sentirse solo en este momento. Y it’s agradable cuando tal vez ir y llevar la bolsa de basura a la papelera en la parte superior de la calle y los vecinos que están en el jardín de cortar la hierba le dan la bienvenida con una sonrisa. El vecino que te saludó sólo si nos golpeas contra la terraza y te saluda con su mano y te pregunta cómo estás y cómo la pasas. Incluso una llamada telefónica recibida por error, una que tiene el número equivocado, y empiezas a hablar y terminas apareciendo y charlando durante media hora como si siempre fueras amigo.

Estamos en la casa, nos movemos sólo para hacer las compras o la farmacia. Los días pasan lentos salteados por algún negocio, de preparar comidas, tal vez con algún plato un poco más imaginativo que los rápidos que solíamos preparar durante la semana. Una pequeña charla, un poco de redes sociales, una serie de televisión que era tanto que querías ver. Algunas videollamadas con tus seres queridos. Y tal vez trates de ser sereno pensando que tú y tus padres no se enfermarán. Has estado alejándole de todo el mundo desde hace varios días, has salido muy poco y con una máscara, para que te sientas cómodo. Pero cuando te despiertas por la noche y no puedes volver a dormir, y después de un tiempo te da la vuelta y te da la vuelta, coge tu teléfono celular y abre Facebook. Junto con muchos mensajes de optimismo, fotos de banners y tricolor en las ventanas, también leer artículos como el que encontré ahora.

Federico Gorbi Vicealcalde de Serravalle Pistoiese escribió: «Hay una sala, en el San Jacopo de Pistoia, en la que se apilan las prendas de todos los que están hospitalizados por verse afectados por el coronavirus.
Soy un pocoi que nunca será devuelto a las familias.
El recuerdo va a Auschwitz: cuando visité ese campo de concentración, había montañas de maletas, zapatos, ropa, gafas… que nunca han sido usados por nadie de nuevo.
El hospital no es un campo de concentración, es un lugar de atención, pero incluso en el San Jacopo estás experimentando tanto sufrimiento.
Los parientes del difunto ni siquiera pueden ver a sus seres queridos una última vez.
Hacemos bien en cantar en las ventanas, en jugar, en argumentar que «todo estará bien», pero recordemos a aquellos que no podrán decir «todo salió bien»: las interminables filas de ataúdes de los Bérgamo nos están enseñando.
Respetamos las reglas, salimos de la casa sólo cuando es indispensable, pongamos una mano en la conciencia… sólo para que «va a estar bien» realmente.»

Y desafortunadamente el miedo crece, no sabemos cuánto durará esta cuarentena, por lo que muchos no saben si todavía tendrán el trabajo una vez que haya terminado. Muchos no saben cómo seguir sin un ingreso porque tienen los activos cerrados. Y muchos tienen padres y parientes ancianos y tienen miedo de infectarlos yendo a trabajar o de compras. He leído que muchos que salen a trabajar a casa se han convertido en una isla personal y evitan todo contacto con los miembros de la familia por temor a transmitir el virus. Realmente es una situación dramática para todos.


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